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Valkyria
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Asustada con las personas que buscan empleo  Empty Asustada con las personas que buscan empleo

el Lun 01 Abr 2019, 18:49
Pongo esto en "debate general y operativas de servicio" porque en mi servicio nos encargamos de recoger y entregar solicitudes de empleo que luego vienen a llevarse los jefes diariamente. Ya que estamos en la puerta... pues eso. Para qué os voy a contar nada que no sepáis.

En el transcurso de todos mis años en el mismo servicio he visto de todo en cuanto a solicitudes y solicitantes de empleo se refiere. Y a medida que ha ido transcurriendo el tiempo cada vez estoy más asustada de los perfiles laborales que pululan por las calles buscando trabajo.

Hace un momentito ha venido uno de estos perfiles laborales que asustan a pedirme una solicitud de empleo. La solicitud tiene dos caras, con sus correspondientes preguntas y casillas para rellenar. Pues cuando le he dado la solicitud a este "perfil" y ha visto que tenía dos caras me ha preguntado:

- ¿tengo que rellenar las dos caras de la solicitud?

Yo me quedé muerta. Y durante unos tres segundos perdí hasta la conciencia mientras trataba de averiguar si lo que acababa de oír era cierto, o por el contrario era una alucinación auditiva.
Una vez hube comprobado que la pregunta era verídica y real como la vida misma, contesté con un simple "si", aún habiendo pensado una respuesta más apropiada para dicha cuestión. Preferí dejarlo en un "si", y simplemente quedarme a cuadros durante unos minutos, pensando cómo es posible que el mundo siga girando sin detenerse ante la gran inutilidad que inunda sus calles, caminos, bosques, veredas y puertos.

Seguiremos informando. Razz

Pd: otra gente no pregunta si tiene que rellenar las dos caras, porque directamente NO ven que tiene dos caras. Rellenan la cara delantera y cuando traen la solicitud es cuando yo veo que no han rellenado la cara posterior. Y les digo: te falta rellenar todo esto. Y van y dicen:
¡ahí va... no me di cuenta que había otra cara!
Es decir, la gente rellena una cara y no da la vuelta al papel para ver si hay algo más por el otro lado. Cuando para mi sería un acto reflejo comprobar si hay algo por el otro lado.
De éstos hay muchos.

Nadie me manda informar a nadie de nada, lo hago de motu propio porque si no ni la mitad conseguiría que les llamasen.


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josepmarti
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Asustada con las personas que buscan empleo  Empty Re: Asustada con las personas que buscan empleo

el Lun 01 Abr 2019, 19:31
Yo sinceramente a mi me la traeria ap pario si rellenan o no alguna cara o me la entregan en blanco , tal como me la dan la pondria en la bandeja y que se espabilen, si te preguntan como es este caso pues le dices loq ue le has dicho SI y ya esta pero si no preguntan nada y te traen hojas a medio rellenars era su problema y no el tuyo que nosotros no tenemos culpa que haya tanto inutil en este Mundo y no te digo nada en nuestro sector.

Sabes porque apenas participo en temas de huelgas , manifas etc?, por eso casi y porque una vez de tantas que he tenido en una intervencion donde eramos casi 20 vigilantes me imputaron un delito de amenazas y lesiones cuando no fue tal y habiendo numerosos testigos de compañeros ninguno quiso apoyarme, por lo que fui solo al juzgado con una imputacion de caballo y mi abogado y por suerte Enric que asi se llama el abogado es un crack y me saco del problema sin mas pero me peligraba la placa y nadie me apoyo por lo que mi apatia en el tema de apoyos varios a la peña sigue en pie.


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Asustada con las personas que buscan empleo  Empty Re: Asustada con las personas que buscan empleo

el Lun 01 Abr 2019, 20:21
Pues tienes razón, no se qué hago yo de madre de los parados. A partir de ahora no miro nada Razz y que cada cual traiga lo que quiera relleno o sin rellenar.
Además hay otros papeles que piden traer de fotocopias, y unos no los traen, otros traen los que no son... Y eso que en la hoja pone todo lo que hay que traer. eres muu tonto

Y lo que cuentas de tu imputación... yo flipo con el compañerismo ¿Por qué no quisieron apoyarte testificando? Aquí la razón no puede ser el miedo al despido, vamos, digo yo. Así que aquí la razón es simple egoísmo de no tener que molestarse en ir al juicio, pedir el día libre, tener que declarar...

Éste es un sector de egoístas y cobardes (por miedos injustificados al despido), lo siento pero es la realidad, y yo siempre digo que la realidad hay que sacarla a la luz y no ocultarla como si no existiera para que no la vean los posibles lectores del foro ajenos a la profesión. Si la ocultamos jamás seremos conscientes de ella y nunca podremos intentar cambiarla.
En éste sector también hay gente buena, muy compañera, muy de ayudar a todo el mundo... eso también hay que decirlo. Pero éstos son los menos. ¿Y por qué son los menos? Pues porque es lo que NO quieren las empresas, ya que las empresas solo quieren que sus vs estén enfrentados, se chiven, se odien... Y por tanto esta gente buena tal vez se oculte bajo una capa de "maldad" para no ser el gilipollas de turno al ver que en su servicio nadie hace nada por nadie.

Yo tengo clarísimo (porque así me lo demostraron ya muchas veces) que el día que me pase algo gordo con la empresa, o con el Cliente... nadie me va a apoyar.
Pero es que jamás voy a pedir ayuda a nadie. Yo sólita ya saldré del atolladero como sea, y si no puedo por cualquier razón pido la cuenta y hasta luego sector. Que ya tengo yo hechos mis planes de futuro fuera de aquí, y hasta me vendría bien y todo recibir un pequeño "empujón empresarial" para largarme de una puñetera vez y no estar como ahora esperando a ver cuando llega el momento apropiado para decidirme a empezar de cero.

Encima, como ya he contado alguna vez, tengo que hacerme la tonta en mi servicio cuando alguno no sabe hacer algo, porque si lo hago yo dejo en mal lugar al tonto de turno. Hasta eso me han dicho ya.
Les den por saco ya, hombre. Si eres tonto te fastidias. A partir de ahora haré lo que tenga que hacer y sepa hacer, le pese a quien le pese, como me aconsejaron en el foro.
Total, aquí no venimos a hacer amigos.



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Asustada con las personas que buscan empleo  Empty Re: Asustada con las personas que buscan empleo

el Lun 01 Abr 2019, 21:52
pues si , seria por eso y esos mismos quieren que les apoye en una huelga la tienen clara, paso ya de apoyar a nadie cuando lo pase mal ,nadie me ayudo y eso me ha quedado grabado por eso odio a sindicatos , a sindicalistas y a muchos del sector ya que siempre me las he aclarado solo y asi seguire total me quedan 7 años en el sector ya que uno ya tiene unos añitos jejeje, por eso tu que eres joven no caigas en los mismos errores que yo cai, de pensar que la gente ademas de pensar en ellos tambien piensan en los demas y no es asi por eso no te preocupes en tu empresa mira por ti y los demas que se busquen la vida salvo cuando llegue uno nuevo al que siempre hay que ayudar y enseñar el servicio que eso es normal pero a quienes no quieren aprender que se busquen la vida.


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Asustada con las personas que buscan empleo  Empty Re: Asustada con las personas que buscan empleo

el Lun 01 Abr 2019, 23:46
[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escribió:Yo me quedé muerta. Y durante unos tres segundos perdí hasta la conciencia mientras trataba de averiguar si lo que acababa de oír era cierto, o por el contrario era una alucinación auditiva.
Una vez hube comprobado que la pregunta era verídica y real como la vida misma, contesté con un simple "si", aún habiendo pensado una respuesta más apropiada para dicha cuestión. Preferí dejarlo en un "si", y simplemente quedarme a cuadros durante unos minutos, pensando cómo es posible que el mundo siga girando sin detenerse ante la gran inutilidad que inunda sus calles, caminos, bosques, veredas y puertos.

No le des más vueltas. Vivimos ya en una plena IDIOCRACIA. Para el que no conozca el termino, aquí un articulo bastante interesante que lo explica, del extinto blog Iberia Futura, por desgracia cerrado y borrado de contenidos en Internet por el autor.

Iberia Futura. Reflexiones sobre un mundo globalizado. Lunes 10 de marzo del 2014.

Autopista a la idiocracia

Cuando hablamos de idiocracia podemos entender como tal el gobierno para los tontos, el gobierno por los tontos y el gobierno de los tontos.

Es célebre la reflexión, cuyo autor ahora no recuerdo aunque creo que es de Ortega, de que la democracia es una manera complicada de procurarse una aristocracia. Viene esto a colación de que en todas las sociedades humanas se dan aristocracias, grupos dirigentes, siempre en una ratio muy reducida respecto de la masa poblacional. Es una realidad muy cabezona, que se repite una y otra vez. La historia nos enseña que siempre ocurre así, de modo que la postura más sensata sería la de preocuparse por el quién, el cómo y el por qué, para procurarnos así la mejor aristocracia posible, el mejor cuadro dirigente que esté en nuestra mano favorecer. Para ello  deberían tenerse en cuenta una serie de variables, entre ellas el carácter endógeno de esa dirigencia, es decir, que nazca del pueblo, lo que garantiza una ligazón emocional e incluso biológica con el sustrato humano que deben dirigir. Por eso, en los casos de aristocracia hereditaria, los descendientes de aquellos primeros dirigentes, si bien genéticamente próximos al pueblo, ya han nacido en una casta distinta de él y por tanto tienden a hacerse lejanos, antipáticos y despóticos. Al cabo de unas generaciones del pueblo surge una nueva aristocracia que arregla las cosas, sustituyendo a la primera, ya desarraigada.

En el caso de la democracia, entendida de un modo sencillo de expresar, es el pueblo el que vota su aristocracia. En principio el voto era censitario: votaba sólo una parte del pueblo, por razón de origen (descendientes de los fundadores del país), de poder adquisitivo (la renta, como en tantas constituciones del siglo XIX) o de sexo (el sufragio universal como tal es históricamente muy reciente). Hoy en día, a nivel general dentro de lo que llamamos Occidente, todo ciudadano tiene derecho al voto. Es decir, cualquiera de un determinado país cumpliendo unos requisitos básicos -como ser nacional y detentar una teórica mayoría de edad- puede participar en la elección numérica de uno o varios candidatos a formar parte de una aristocracia que se renueva cada cierto tiempo pues se entiende que la masa electora ha podido cambiar de opinión, y puede también decidir  numéricamente si los actos y decisiones del cuadro dirigente electo deben ser aplicables o no.

La democracia en sí plantea unos cuantos problemas. El voto de un ciudadano sin demasiadas luces vale lo mismo que el voto de un genio, por ejemplo. Además, con la excusa de los problemas de logística se evita la votación sobre leyes. Actualmente se vota una lista cerrada de unos señores desconocidos que acceden al Parlamento, del cual en países como España deriva el Gobierno (en una clara vulneración de la división de poderes), y entre unos y otros cocinan disposiciones legales que el pueblo no vota. Éste puede cada cierto tiempo votar otra lista de señores desconocidos, con lo que se puede modificar el cuadro dirigente, pero poco más. Si se llama democracia a eso, habrá que aceptar que se trata de una idea muy reduccionista. Si a ello se le unen  las diferencias de peso del voto según circunscripción, el panorama se agrava.

Con todo, la democracia parece estar venciendo a otras formas generadoras de aristocracia. Influyen en ello el componente psicológico por el que el pueblo se siente dueño de su destino (aunque en buena medida no sea así) y que al renovar  cada pocos años el cuadro dirigente no se producen las penosas decadencias de otras aristocracias blindadas. Aunque quizá el mayor problema que pudiera tener la democracia tal como hoy la entendemos, de una manera tan sesgada, es que contiene un germen de autodestrucción, sin duda pequeño como todo germen, pero de riesgo latente. ¿Es posible que una democracia como la occidental llegue a derivar en una idiocracia? La pregunta es legítima. ¿Pudiera morir la democracia por implosión?

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Un pequeño film de culto, "Idiocracy" (2006), ilustra una posibilidad para nuestro futuro. A pesar de que parece haber sido una apuesta muy personal del director Mike Judge (quien firma el guión junto con Etan Cohen, y coproduce con Elysa Koplovitz y Michael Nelson: es decir, se involucró a varios niveles), pasó de tapadillo en el momento de su exhibición en salas, en buena medida por su intensa carga crítica hacia un determinado estrato cultural de Usa, el mismo que ríe con ganas las desgracias ajenas, como en la saga Jackass. A pesar de que artísticamente el film de Judge vale bien poco, su tesis debe ser tenida en consideración.En este punto sigo lo que se puede ver en las imágenes, es decir, señalo no lo que yo pienso (no me interesan los tests de CI ni sus resultados) sino lo que Judge pone en imágenes. Según su discurso, la inteligencia se asocia con los resultados en tests de CI (como se ve, a la chica se le da un pelín más que al chico: el film es políticamente incorrecto pero no tanto). Según su discurso, la gente con más CI tiende a tener menos hijos que quienes cuentan con un CI considerablemente más bajo. Es más, los primeros no tienen mientras que el segundo dispone de un pequeño harén (otro detalle: los primeros son presentados como urbanitas progresivamente más fríos y sofisticados, mientras que el segundo es un redneck sanguíneo). El resultado del discurso es que, conforme van pasando las generaciones y asociando -siempre según Judge- CI con inteligencia, los inteligentes se van extinguiendo -Judge da por supuesto que la tendencia a determinado CI se hereda- y los tontos se convierten en legión. En una sociedad aristocrática que rige los destinos de un pueblo atontado desde una inaccesible torre de marfil, la casta puede prevalecer sustancialmente igual. En una sociedad en la que un pueblo atontado tiene acceso a la configuración de su propia aristocracia a base de sufragios, esa aristocracia democráticamente elegida sería también progresivamente más necia, a imagen y semejanza de la base social de que surge. Así, quedaría patente la gran diferencia entre la aristocracia soñada entre finales del siglo XX y principios del XXI (expuesta en ese gran cartel de una "Future Town" de inspiración rabiosamente californista), y el paisaje social mostrado a lo largo del film.

Con independencia de que "Idiocracy" es una farsa que esconde un mensaje californista soterrado (algo así como "si los nerds tecnófilos de alto CI no se convierten en los gurús de la sociedad futura, ésta será un desastre regido por brutos anárquicos", mensaje que ha calado en bastantes ámbitos), y que como buena farsa se apoya en una exageración, creo que contiene una potente base de verdad, y que como tal debe ser tenida en cuenta. Aunque su eco ha sido escaso, muchos espectadores han sintonizado con el film, lo que ha llevado a que el neologismo "idiocracia" se esté extendiendo.

Antes de continuar, tengo que insistir en que me considero demócrata, y no un demócrata por obligación o porque toca en este momento histórico, sino por convicción. Considero que el pueblo debe intervenir en la forja de su propio destino, atando en corto a su aristocracia y sometiéndola a elección y a escrutinio. Ahora bien, se plantea el problema del voto. ¿Quién puede votar? Y no menos importante: ¿todos los votos valen igual? En la época presente se ha decidido que todos los votos valgan lo mismo -dejando aparte las distorsiones que los sistemas de cómputo y circunscripción conlleven-. En principio, y con la cabeza fría, eso suena absurdo. ¿Por qué va a valer lo mismo el voto de un descollante intelectual que el de quien no sabe dónde tiene la mano derecha? A lo largo del siglo XIX el moderado y demasiado efímero triunfo del liberalismo implicó que la meritocracia ya no se medía por los apellidos, sino por el poder adquisitivo. Es decir, alguien con una gran renta había demostrado más que quien malvivía con un sueldo muy precario, y que por ello debería  ser sujeto activo y pasivo privilegiado de voto. Como dijo un parlamentario español de la época isabelina, "ser pobre es signo de estupidez". Naturalmente, eso es una exageración. ¿Quién está mas cualificado para votar y ser votado en tiempos de tensión prebélica, un futbolista con un sueldo millonario o un analista estratégico de sueldo modesto? La renta no puede justificar esa restricción o cualificación de voto. Otro baremo para estratificar  los sufragios podría ser el rendimiento académico. Pero eso tampoco garantiza nada. Alguien con cinco carreras podría ser una nulidad a la hora de tomar decisiones, mientras que un humilde labrador tal vez tendría una mente más lúcida al respecto. Señala Paul Johnson en su imprescindible Intelectuales que el mismísimo Bertrand Russell no sabía preparar  café. Por tanto, aquí tenemos un problema. Pero ese problema se ha resuelto al estilo de Salomón, votos para todos. Recuerdo una divertida afirmación del mediático padre Apeles diciendo que él nunca votaba: "si mi voto vale lo mismo que el de Carmen de Mairena, prefiero no votar".

SUPONGAMOS ....

Supongamos el caso hipotético de un país, un país imaginario, en que hay determinadas diferencias y desigualdades. Hay gente más guapa que otra, por lo que recibe más atenciones, miraditas, gestos agradables, ofertas de todo tipo, etc. Hay gente más inteligente que otra, con lo que se la tiene en más consideración y logra un mejor acceso a puestos de trabajo con mayor valor añadido. Hay gente más hábil para los negocios que otra, con lo que consigue prosperar material y socialmente. Hay gente más sana que otra. Hay gente más honrada que otra. Hay gente más valiente que otra. No hay dos personas iguales en ese peculiar país, y las cualidades parecen estar más o menos repartidas. Los casos extremos -una persona que reúna todas las cualidades, o todos los defectos- resultan escasos: las primeras conforman una especie de aristocracia natural, mientras que las segundas pasan a ser algo así como apestados.

Pues en ese país, que se rige por reglas democráticas, comienzan a escucharse voces que deploran la desigualdad que en él existe. Hay gente que parece tenerlo todo mientras que otros llevan una vida dura y arrastrada. Y no estaría mal que los que viven bien compartieran siquiera una parte apenas apreciable, microscópica, de su bienestar con los que nada tienen. Al fin y al cabo, todos son personas humanas, y quienes viven bien se benefician de una sociedad que les ha permitido prosperar. El sesgo cultural cumple su función en este ejemplo. Así, mostrar preocupación por los demás te hace simpático a ojos de tus vecinos, mientras que decir que alguien lleva mala vida porque se lo ha buscado o porque no se ha esforzado lo suficiente -sea cierto o no- queda como una muestra de desconsideración. En ese punto un grupo de postulantes políticos descubren que ahí puede haber negocio. Así, organizan un partido que quiere canalizar ese descontento para conseguir votos. En ese partido hay gente idealista y compasiva que desea sinceramente ayudar a los demás dándoles, en cuanto lleguen al poder, las oportunidades que hasta ahora se les habían negado. Y también hay gente mucho más calculadora e interesada que ven camino para alcanzar el poder y convertirse en aristocracia. Los segundos no tienen por qué ser más numerosos que los primeros, pero suelen ser más retorcidos y despiadados, con lo que más de una vez se llevan el gato al agua. Al llegar al poder, operan para cargarse ese poder democrático y perpetuarse como aristocracia de torre de marfil. En el país del ejemplo lo consiguen.

El caso es que su país vecino, socialmente idéntico al primero, observa lo ocurrido. Y lo observan sus profesionales de la política. "Si surge en nuestra sociedad un partido como el que se ha hecho con el poder en el país de al lado y se reproduce la misma dinámica", piensan, "nos espera o el exilio o algo mucho peor". Así que lo que hacen es mostrar una preocupación cursi y falsa por los menos favorecidos. Para evitar una dictadura totalitaria igualitarista como les ha pasado sus vecinos (y que, como todas esos igualitarismos, también ha generado su aristocracia, más marcadamente torremarfilera que las de otros sistemas), generan un Estado benefactor, providente, amortiguador de diferencias que pudieran ser desagradables.

Para financiar ese Estado-beneficencia, el recurso "justiciero" habitual -que vende bien ante la cercanía de unas elecciones- es detraer poder adquisitivo de las rentas más altas y transmitírselo a las más bajas. Eso genera una doble dependencia: de la aristocracia política, que depende de las bolsas de voto de las clases de bajo poder adquisitivo (siempre muy superiores en número a las de alta capacidad de compra), y las de esas mismas clases bajas, que reciben poder adquisitivo no porque su vida haya mejorado -pues se han convertido en trabajadores más cotizados, o han acertado en sus decisiones, o han superado un problema de salud o similar que les abocaba a la pobreza- sino por su mera pertenencia a la masa social. ¿Conoce el lector el refrán "no me des peces: enséñame a pescar"? En muchas ocasiones, esa transferencia de renta está bien hecha: se les "enseña a pescar". En otras muchas, demasiadas, se les "dan los peces", sin que eso suponga la solución de sus problemas a largo plazo.

Ese tipo de situaciones siempre van a más, pues las aristocracias electivas fundan su éxito en ellas. Conforme las grandes fortunas vuelan, o se hacen opacas vía artilugios financieros aprovechando los resquicios legales,  o se nacionalizan, o pactan con la aristocracia electiva, el peso se va haciendo notar de modo cada vez más agobiante sobre las clases medias, básicamente trabajadores y PYMES. Eso va destruyendo tejido productivo y haciendo gotear un número cada vez mayor de gentes de clase media a la baja, es decir, de generadores de renta redistribuible a perceptores de la misma, siendo ésta cada vez menor. Así se va asfaltando una autopista hacia el experimento social fallido.

Eso no quiere decir que esté mal preocuparse de las gentes más desfavorecidas. Nadie ha dicho tal cosa. Pero nos resulta evidente que repartir la riqueza es algo sumamente fácil. Lo complicado es crearla. Si un sistema, por democrático que sea, machaca al sector que tira del carro de esa creación de riqueza, los resultados serán los que todos imaginamos. Tardarán mucho o poco, pero llegarán. Ése es el problema del sistema democrático, que los votos no son beatíficos e idealistas, sino que atienden al propio interés, por equivocado y corto-placista que éste sea, como los mercados. Pero si los mercados son tan viejos como el hombre o casi, las democracias son en un 99'99% de los casos instituciones sociales muy novedosas, con poco rodaje.

Un ejemplo. Siete personas. Una tiene 7000 monedas. Cuatro votan que a ésta se la desposea de 6000, repartiéndose 1000 entre los demás. Teóricamente justo (aunque habría que preguntarle al desposeído, a ver qué opina ....). Ahora bien, si cuatro votan quedarse ellos con los 7000 y mandar a la porra a los otros tres, igualmente sería democrático, si aceptamos el juego de las mayorías. Y podría ser que los otros tres "comprasen" a uno de los cuatro acaparadores ofreciéndole una parte mayor de su cuota en los 7000 (pongamos un 40% en vez de un 25%) si vota a su favor. Y puede ser que el desposeído se largue, o busque ayuda fuera. O .... Transpuesto este ejemplo tan simplón a la complejidad de una sociedad democrática actual, los problemas se multiplican. De ahí los límites que debe tener la democracia. Toda democracia no es enteramente racionalista, muy al contrario, en ella se incardinan elementos profundamente irracionales pero que con el paso del tiempo demuestran su eficacia una y otra vez. Un ejemplo que me gusta mucho es el de la genial novela El señor de las moscas de William Golding, publicada en 1954.

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Fotograma de la versión fílmica de 1963, a cargo de Peter Brook. Visto en criterioncollection.blogspot.com.

La novela de Golding (que narra las vicisitudes de unos niños supervivientes de un accidente en una isla, y de cómo se organizan) muestra tres distintos tipos de liderazgo: el de Ralph, un líder natural -un rubito guaperas que parece tomar decisiones con bastante despreocupación-; el de Piggy, un muchacho obeso y miope, que representa un punto de vista racional y civilizado; y el de Jack, un pelirrojo algo mayor que los demás y partidario de la acción directa, la violencia y modos de actuación más tribales. Piggy, dada su debilidad, tiene todas las de perder, con lo que un sistema parlamentario donde se diriman las discrepancias es su seguro de vida. Ese sistema parlamentario es odiado y finalmente rechazado por Jack y los suyos. Pero mientras funciona, es desempeñado gracias a una caracola. Cuando alguien quiere tomar la palabra y debatir un punto, coge primero la caracola en sus manos. Nadie había llegado a esa conclusión: el acto de agarrar la caracola para parlamentar es intuitivo, espontáneo, y permanece con los días al revelarse eficaz. "Tengo la caracola", y todos le escuchan: para un entendimiento profundo de la faceta política de los humanos no puede nunca despreciarse lo simbólico, lo irracional, lo oscuro, lo aparentemente incausado. La tragedia se precipitará a partir de otro acto igualmente simbólico: los seguidores de Jack hacen añicos la caracola.

Bien, pues llegados a este punto nos podemos preguntar qué pasaría si un sistema irreprochablemente democrático promoviese no ya la igualación de rentas sino otro tipo de igualación: la intelectual. Es decir, la idiocracia.

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Supongamos un país, imaginario, que se rige por democracia vía sufragio universal. Una casta política cuyo deseo sea el de perpetuarse, y no se atreva a revocar ese sistema democrático porque está muy arraigado o bien muy blindado por la mitología popular, necesita acallar la crítica de modo pacífico. Para hacer esto debe proceder a un intenso trabajo sobre la información que circula por el país. La información es poder, de modo que conviene controlarla. Hay dos formas. Una es influir directamente sobre esa información, silenciando muchas cosas, deformando otras e insistiendo pesadamente sobre las más favorables desde todas las terminales mediáticas posibles, empezando por las públicas y siguiendo por las entregadas a amigos mediante concesión. La otra es impulsar medidas de manipulación social para que la masa receptora de esa información deseche la que le resulte incómoda, o demasiado compleja, o generadora de desazón, optando por otra información de mucha peor calidad que mantenga a la masa siendo masa. Si la masa está desinformada, aturdida, incluso embobada, es mucho más fácil de engatusar.

Aquí aparece una variable cuya comprensión es imprescindible. Capitalismo y democracia suelen venir de la mano. Pero, en contra de la rosácea visión de algunos, no llegan necesariamente juntos. Primeramente llega el capitalismo, para dejar vía libre a la democracia como la entendemos hoy, en la que todos votan. Cuando triunfa la Revolución Industrial inglesa, no existía ese sufragio universal. Tampoco en la Francia ni la Prusia del XIX. Ni en la Usa previa a la Gran Guerra, cuando grandes contingentes de inmigración europea no tenían todavía derecho a voto. Ni en la España del desarrollismo. Ni en el Taiwán ni la Corea del Sur hasta hace relativamente poco. Ni en la China de hoy. Los maliciosos dirían que el capitalismo genera un excedente de riqueza que la democracia pretende repartir, y que cuando no quede nada que repartir a ver qué pasa.

Pero si el capitalismo suele llevar aparejada, como efecto rebote, la posterior aparición de la democracia, ésta no garantiza que aquél siga existiendo. La democracia moderna es básicamente un fenómeno urbano -de hecho nació en una polis griega-, y necesita la ciudad. El capitalismo también favorece la acumulación de producción en ciudades. Lo que la democracia ayuda a vehicular es la acumulación del consumo en esas mismas ciudades. La ciudad se convierte en una burbuja  autorreferencial de fuertes lazos trabados entre sus diversos componentes, generando también una bolsa de gentes residuales que comienzan a vivir de las "migajas" de esas relaciones urbanas. Esas gentes no podrían vivir fuera de la ciudad, donde la selección natural impera todavía e impone un número necesariamente bajo de humanos. Pero dentro de la ciudad se cuenta con factores que favorecen esa proliferación: comestibles relativamente fáciles de obtener, consistiendo sobre todo en carbohidrato, y posibilidad de votar.

Conforme la burbuja ciudadana se va haciendo más marcada, sus élites motrices olvidan cómo llegó a ser tal. Forman, dentro de la burbuja, una segunda miniburbuja. La aparición de la Gran Rueda obliga a las sociedades actuales a dar una permanente impresión de avance, de tal manera que si la Rueda se detiene una cantidad exagerada de personas quedan expulsadas de ella, personas a las que hay que atender no sea que se conviertan en levadura de una revuelta. La bolsa de votos va creciendo. La dinámica de la Gran Rueda ha desplazado los sectores manufactureros a otros países, de modo que para mantenerla rodando se apuesta por un sector presuntamente puntero, el de los servicios. Ese sector ofrece un gran valor añadido empleando poca mano de obra muy cualificada. Eso genera varios efectos rebote. Veamos.

-La miniburbuja se olvida de cómo llegó al poder. Para sustituir ese vacío, lo rellena con mitología de autoayuda para managers y exhibiciones de cultura impostada -ópera, ballet, arte moderno: es decir, cultura muerta y desgajada de su origen popular-. Y opta por dejar la ciudad o gentrificar un barrio concreto, en ambos casos con el propósito de relacionarse sólo entre sus pares, en un proceso que podría llamarse neoversallismo.

-El capitalismo, como acumulación de tejido productor, tiende a desaparecer. La mitología de la miniburbuja arrincona la palmaria realidad de que casi todo el trabajo humano es manufacturero. La imagen, muy siglo XIX, del operario manchado de grasa y de hollín, es sustituida por un "nuevo trabajador" que no pasa de remedo del cortesano del XVIII (con alucinantes trabajos de hoy como "personal shopper" o "community manager" para la casta neoversallista, algo así como el encargado del orinal del rey pero puesto al día).

-Se potencia una educación tecnófila, en la que es imprescindible una gran inteligencia para prosperar. Eso no es nuevo. Siempre hizo falta inteligencia para triunfar  en el sector académico. Pero ahora existe una diferencia: se crea una segunda miniburbuja de profesionales de las "ciencias duras" -imprescindibles para que la Gran Rueda siga girando y para que el sector servicios no se detenga- caracterizados por la movilidad laboral-geográfica y por la imperiosa necesidad de actualizar sus conocimientos permanentemente, algo que pasa en todas las profesiones  pero que en esta miniburbuja se lleva al extremo, hasta el punto de que uno comienza a estar formado cuando ya tiene los 30-35 años bien cumplidos. Esa pequeña casta de profesionales cualificados va teniendo menos hijos.

-Se infla un gran colchón para que los votantes que no pertenecen a ninguna de las dos miniburbujas no se enfaden y no voten opciones alternativas. Ahí se produce un gran cambio de mentalidad en todo el cuerpo social, cambio distinto del que cabría esperar dentro de una sociedad teóricamente capitalista. Si en una sociedad se da por supuesto que tienes que buscarte la vida, que si llegas a los 65 sin haber ahorrado y sin propiedades nadie va a mirar por ti, que si te quedas sin trabajo no hay subsidio, etc etc, el efecto esperable es que a los 12 años el niño medio de esa sociedad sabe que tiene que ponerse las pilas desde ya para salir adelante, trabajar, formarse, cuidar el dinero, mimar las relaciones sociales, tener hijos que puedan ayudarte cuando las fuerzas te falten, y todo eso. En el caso contrario, si sabemos que nos espera jubilación aunque no hayamos dado un palo al agua, que podemos recibir ayuda al desempleo, que velan por nosotros en todos los órdenes, que aunque no coticemos ni trabajemos ni hayamos hecho nada ni hayamos contribuido en nada si tenemos un problema de salud podemos contar con un impresionante despliegue sanitario público, etc etc, el efecto esperable es exactamente el contrario, que puedes llegar a los 40 años sin saber qué quieres hacer de tu vida, sin necesidad de comprometerte socialmente, sin necesidad de generar vínculos de acero con otros actores sociales. La irresponsabilidad comienza a socializarse, a admitirse.

-La gente más destacada, más capaz, empieza a tener dificultades. En este ámbito de sobreabundancia de lo público, cuesta mucho abrir nuevos negocios. Los productos novedosos sólo aparecen en un determinado sector productivo, mientras que los demás parecen griparse. De todo lo que la gente del siglo XX pensaba para el el XXI, de todos los adelantos increíbles que esperaban, sólo la informática y la telefonía parecen estar a la altura de las expectativas soñadas. Esos sectores son los que más trabajadores cualificados de gran intelecto abarcan. Los niños con mejor desempeño escolar van a las "ciencias duras", y las manufacturas continúan externalizándose. Surge un antiliberalismo exacerbado. Quien proponga reformar en algo las pensiones se convierte automáticamente en un monstruo para la sociedad. Quien diga "menos samba y más trabajar" pasa a ser un fósil darwinista-social que se quedó congelado en la era victoriana. Se le da la razón a las bolsas de voto que se sienten seguras con el paraguas público y éstas votan a quien garantiza su seguridad. De ahí la importancia del voto de los jubilados. De hecho, el sistema parece idóneo para generar jubilados.

-Así aparece un serio peligro. Los más inteligentes, sometidos a una situación laboral agobiante, tienen menos hijos, y una carga fiscal no menos agobiante les disuade aún más de tenerlos, pues en esta sociedad consumista criar un hijo según las normas sociales de hoy sale muy caro ("¿qué es eso de que el pequeño herede la ropa y los libros del hermano mayor?, ¿es que queréis que se detenga la Gran Rueda y se vaya todo al diablo?"). Los subsidiados pueden tener esos hijos que no tienen los otros, y que son necesarios para en su momento cotizar y mantener el sistema de beneficencia, con bolsas permanentes y casta política dedicada siempre al sector público.

-En este país imaginario los híper-responsables miembros de la miniburbuja tecnológica ya no tienen hijos. Sin embargo, en las bolsas subsidiadas sí se tienen hijos, porque a fin de cuentas si no se pueden mantener el Estado del país imaginario ayuda con más subsidios. La existencia del subsidio fomenta la irresponsabilidad. El sistema social provee también de niñeras, la escolarización y el televisor. La escolarización permite encontrar, gracias a sus sistemas de evaluación, posibles futuros sustitutos de la casta tecnológica sin hijos, manteniendo así el sistema funcionando. El resto de los niños son bombardeados con datos sin el menor interés y que en su edad adulta no recuerdan en absoluto ni les sirven para nada. La televisión le da a sus espectadores lo que éstos quieren. La casta tecnológica puede permitirse canales temáticos. Pero la masa recibe televisión-masa. Poco a poco el país imaginario de este ejemplo va entrando en una espiral muy peligrosa, porque en caso de que la capacidad intelectual realmente se herede lo que hace es promover la esterilidad de lo mejorcito de su pueblo mientras crece el conjunto menos brillante de la población.

-Los sectores que se van multiplicando son los relacionados con el colchón público: ese país comienza a sufrir una hinchazón tremenda de políticos profesionales, de funcionariado y de población protegida. El valor más importante ya no es la prosperidad, ni la aventura: es la seguridad. Nada se mueve. La sociedad tiende a permanecer más o menos estable e igual en el tiempo, pero perdiendo cada vez más capacidad para competir. Al fin y al cabo, la selección natural es competencia, y ya vemos dónde han quedado la una y la otra. El país imaginario, empobrecido en su capacidad de competir, ya no puede absorber a su propia casta tecnológica, con lo que se ve obligado a exportarla a otros países imaginarios. Ese país se va dirigiendo a la experiencia fallida.

-Para paliar la situación, huyendo hacia adelante, el país se endeuda. Pero esa deuda no debe llegar a cabrear al pueblo. Éste no debe saber que cada vez que nace un niño ya tiene asumida una deuda astronómica sin haber dado su consentimiento para ello. Para ello la irresponsabilidad política fortalecida por la irresponsabilidad popular da rienda suelta a la irresponsabilidad cultural para poder esconder así la responsabilidad patrimonial. Esa irresponsabilidad cultural retroalimenta las demás gracias a la ignorancia, las medias verdades y la adulteración de contenidos. En ese país imaginario se declara el estado de Idiocracia.

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Autor: David Dees.

Al principio del artículo hablamos de idiocracia como posible gobierno para los tontos, por los tontos y de los tontos. Como habíamos dicho, la película de Mike Judge es una exageración, y no creo que eso ocurra, al menos a cinco siglos vista. La involución lleva también su tiempo, menos que la evolución, pero bastante igualmente. Siempre habrá una casta más espabilada por encima. Sólo si la totalidad de un país es tonta de capirote se vería obligada a tener una casta igual de tonta, pero en ese caso extremo lo más seguro es que un país vecino le impusiese una casta espabilada con suma facilidad. Pero los otros dos casos sí me parecen bastante más probables. Aunque yo no hablaría de tontuna, sino de mediocridad. Hablaría de una posible cutrecracia.

Ortega hablaba en La rebelión de las masas del hombre-masa definiéndolo como aquel que se siente igual a todo el mundo, y opuesto al que lucha por desigualarse, el que se exige mucho a sí mismo, en un ejercicio que el pensador identificaba con cierta forma de ascetismo. En eso recoge una tradición europea de la que incluso se hizo eco Nietzsche: sólo lo más duro es lo más noble. Otro pensador en esa línea, José Ingenieros, definía en su El hombre mediocre a éste como blando, rutinario, envidioso y carente de ideales. El hombre mediocre parece no ser hombre de ideales, sino más bien de satisfacciones. No conquista: espera que le den. En este punto, y sintiéndome incapaz de compararme con estos autores, quisiera ofrecer una serie de características que en mi opinión tendría un país regido por la cutrecracia. Vamos allá.

-Un país imaginario cutrócrata se caracterizaría por la abundancia, en el seno de su sociedad, de burlas, desprecios y cinismos en contra de todo lo que pudiera ser aristocrático, elevado, serio, autoexigente, virtuoso y santo. Abundarían toda clase de subproductos pseudoculturales como pelis malas, series de medio pelo, espacios de sketches sin gracia, charletas retransmitidas y demás en las que se ridiculizaría la grandeza y se aplaudiría lo trillado, lo sobado, lo convencional, lo anecdótico. El humor se focalizaría en los insípidos hechos de la vida cotidiana más aburrida.

-Se caracterizaría por un hundimiento completo y sin paliativos de la verdadera cultura. Las novelas de la actualidad no llegarían ni de broma a las de antes. Es más, se aplaudiría que la gente lea mala literatura "porque al menos leen y no están con la tele o el ordenador". Las películas son mucho más idiotas que las de antes, a las que sin embargo se les hace blanco de burlas por su inocencia. La música es mucho peor. Las canciones de toda la vida se van haciendo más escasas. Se recurre a la música de otras épocas. El arte plástico es lamentable. La arquitectura brutalista y mamotrética aridece el ánimo.

-Se caracterizaría, como efecto rebote, por la extensión del término mágico "cultura" al entretenimiento. Y, de paso, emplear con profusión otro término ennoblecedor: "arte". Con ello se buscaría conseguir una bolsa subvencionada de "cultos" y "artistas" siempre próximos a la casta política. A esos artistas se les escucha. La opinión de un actor o del bajista de un grupo pasa a ser más interesante que la de un premio Nobel.

-Se caracterizaría por una sobreabundancia de cinismo en el ambiente. Todo lo que es idealizador, espiritual, es sometido a crítica no constructiva sino bufonesca, insultante. Se produce un eclipse del espíritu. Los templos se vacían. Los ritos se consideran innecesarios. Las festividades se pueden mover a voluntad, o son transformadas en otra cosa, habitualmente relacionada con el consumismo. O se instauran fiestas nuevas no menos consumistas.

-Se caracterizaría por llenar el hueco dejado por el espíritu con mitologías idiotas, fáciles de generar e irradiar, y sin relación con las necesidades populares. Lo bobo, lo contingente, lo gratuito, aquello que aprueba la mediocridad y no la pone en un aprieto, pasa a ser mito generalizado del país y a producir dinero. En un país imaginario así podrían convertirse en "estrellas", mitos actuales, unos jovencitos encerrados en una casa  durante unos meses, siendo retransmitida al país su estancia en esa casa mientras se dedican a que les crezcan las uñas, o bien un pulpo que algunos dicen que es capaz de pronosticar los resultados de partidos de fútbol. Sé que son ejemplos absurdos que nunca se darían, pero sirven para ilustrar lo expuesto.

-Se caracterizaría por una extraña arrogancia según la cual en ese país se viviría como en ningún otro, se comería como en ningún otro, se follaría como en ningún otro y habría más sabiduría que en ningún otro. Un segundo signo de arrogancia sería el de atribuirse a sí mismo como pueblo, como masa, los logros de una minoría muy concreta, olvidando así que esa minoría hace falta.

-Se caracterizaría por la instauración de una nueva moralidad que incurriría en los siete pecados capitales, haciendo especial hincapié en la envidia. Esa envidia, aunque dirigida en todos los sentidos, originaría primero erosión en las diferencias de renta -"subsanadas" vía recaudación de impuestos- y después en las diferencias de otro tipo, las personales, las que no se pueden "subsanar", de manera que la erosión se dirige hacia los valores fundamentados en esas diferencias, básicamente la jerarquía y la excelencia.

-Se caracterizaría por promover y hasta aplaudir comportamientos que tradicionalmente estaban limitados al tiempo de fiesta, como los carnavales. Dado que existe un límite físico para que la carnavalada social se sustancie diariamente en la realidad, se traslada a los medios de comunicación, que la reproducen perpetuamente. Siempre es carnaval en la tele.

-Se caracterizaría por darle la vuelta a la tortilla respecto de la época en que floreció el capitalismo generador de democratismo, habitualmente acontecido 50 años atrás, dos generaciones. Se multiplicaría el número de políticos profesionales, en detrimento de su calidad, y de funcionarios, en detrimento de la eficacia en el desempeño de sus funciones.

-Se caracterizaría por el menosprecio hacia sus filósofos, que serían sistemáticamente desoídos, ignorados y hasta perseguidos. Empobrecimiento del pensamiento abstracto y del vocabulario. Retroceso de la palabra y de la expresión, con menos conceptos que transmitir y peores vehículos para hacerlo.

-Se caracterizaría por una máxima exigencia al mundo y a la vida, unida a una casi inexistente autoexigencia. El cutrócrata no piensa en qué puede servir a su pueblo, sino en qué su pueblo -o como prefiera llamarlo- puede servirle a él. Culto a la seguridad y al Estado providente e infalible. Culto a los propios gustos, al ombliguismo y a la propia satisfacción, todo ello acompañado de una profunda decepción existencial. Nulo esfuerzo de autocontención.

-Se caracterizaría por un olvido completo de la historia del propio país y del menosprecio hacia los símbolos que representan su continuidad. El hueco es cubierto gracias a los medios, ofreciendo éstos una historia alternativa, cuyo objeto no es instruir al espectador, sino complacer sus expectativas más planas. Incapacidad para extraer las conclusiones apropiadas, ni para aprender de los errores del pasado. Lleva aparejado que lo que no aparece en esos medios no existe.

-Se caracterizaría por un hondo aburrimiento y la ausencia de un auténtico avance, pues lo llamado "progresista" pasaría a ser profundamente conservador, al querer "conservar" el colchón de subsidios frente a los intentos reformistas, llamados éstos "neoliberales". El país carece de un objetivo claro en el concierto de las demás naciones, se achata y vulgariza, pierde fuelle, muere poco a poco, sin que se sepa bien cómo salir de esa espiral descendente.

Por descontado, éste es el ejemplo de un país imaginario. Pero si conocéis alguno que se le parezca, es que de democracia está mutando a cutrecracia.

Si le diese más importancia al CI y a su heredabilidad, sin duda ampliaría el artículo. Pero como no es el caso, lo dejo aquí.

Publicado por Hombre-Lupa Gardner en 12:14
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Asustada con las personas que buscan empleo  Empty Re: Asustada con las personas que buscan empleo

el Mar 02 Abr 2019, 09:59
Muy buen artículo el de ese extinto blog.
A saber porqué lo borró su autor. Tal vez escribía "demasiado".

He buscado y dicen que en sus últimas entradas denotaba o hablaba de una depresión que sufría y un posible TOC.

Tal vez alguien le obligó a "dejar de poner las cosas tan claras", y él intentó contar ésto de manera sibilina en esas últimas entradas (o tal vez fue "otro" el que escribió las últimas cuestiones tras adueñarse del blog ). Decían que tenía muchisimas visitas y por tanto ganancias.

Nadie cierra un blog que puede seguir dando ganancias pasivas aunque tú ya no escribas nada más por estar deprimido.

Ese blog fue CENSURADO fijo y obligado a desaparecer.

Asi es esto. Como largues demasiado adios, no vaya a ser que las masas se pongan a pensar y vean que tienes razón en lo que expones. Asi ha pasado ya con otros blog o canales de youtube. Censura hasta la sepultura.



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