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Por qué cruzar el cabo de Hornos es uno de los retos marítimos más peligrosos del mundo. Empty Por qué cruzar el cabo de Hornos es uno de los retos marítimos más peligrosos del mundo.

el Miér 26 Ago 2020, 13:10
abc.es
M. A. BARROSO/ J. JAYME.
16/01/2018.

La ruta del cabo de Hornos, entre la Antártida y el límite austral del continente, ha sido testigo mudo de cientos de naufragios en sus aguas circundantes.

El buque escuela Juan Sebastián de Elcano (A-71) se propone celebrar su noventa aniversario cruzando, por primera vez en la historia de sus singladuras, uno de los enclaves marítimos más peligrosos del mundo: el cabo de Hornos, límite austral del continente suramericano, testigo mudo de cientos de naufragios (unos ochocientos) y miles de muertos (dicen que diez mil) en sus aguas circundantes, las más tormentosas del orbe. «El desafío no es baladí», advierte el capitán de navío Ignacio Paz, actual comandante de la nave, «ya que la travesía será realizada en el invierno austral, cuyas condiciones meteorológicas no suelen ser precisamente favorables, y no se trata de comprometer la seguridad del barco».

En el cabo de Hornos, en el lejano sur, el último pedazo de tierra antes de la Antártida, se citan los dos océanos más poderosos del planeta, el Pacífico y el Atlántico, y en días de tormenta las aguas embravecidas parecen una batidora cuyo contenido cambia de color, del añil al gris metálico, según la luz que le pegue; el viento despeina las crestas de las olas y la espuma pulverizada forma pequeños arcoiris. Albatros y petreles de gigantesca envergadura siguen la estela de los barcos sin esfuerzo aparente, planeando sobre montañas de agua.

Navegar en aguas del cabo de Hornos, en efecto, está considerado como uno de los mayores retos náuticos. Su extrema latitud austral (56ºS) y la geografía al sur del mismo -inexistencia casi absoluta de tierras- imponen excepcionales condiciones a la navegación. Libres de obstáculos, los vientos que soplan de oeste a este bajo los 40º S son tildados, en el argot de los marinos, de los cuarenta rugientes, seguidos por los cincuenta furiosos y los aún más violentos sesenta aulladores. Su fuerza resulta incrementada por el efecto embudo, esto es, su canalización por el pasaje de Drake entre los Andes y la Península Antártica.

Por otro lado, estos vientos variables del sur generan olas de gran tamaño, que en la zona oeste del cabo de Hornos superan los 30 metros, lo cual supone un factor de riesgo añadido. Finalmente, aunque la banquisa de los hielos antárticos está a considerable distancia del cabo, los icebergs representan un peligro nada despreciable. En febrero, durante el verano austral, se mantienen bajo los 50º S, pero en agosto pueden subir hasta los 40ºS.

En el temible pasaje de Drake la Terra Australis Incognita sigue reservándose el derecho de admisión. Fue descubierto por el marino español Francisco de Hoces en 1525, cuando su barco fue arrastrado por un fuerte temporal. De hecho, algunos prefieren llamar al pasaje Mar de Hoces. Dicen que a todo marino que atraviese el Drake le será permitido lucir un aro de oro en la oreja izquierda y podrá orinar en contra del viento. El segundo privilegio suena arriesgado a pesar de todo.

El sur de la Patagonia no es sólo un paisaje. Es, sobre todo, un estado de ánimo, cuajado de historias terribles de supervivencia, descritas por el escritor chileno Francisco Coloane en sus cuentos y novelas, donde el protagonista último es la inclemente naturaleza austral que lleva a los hombres al límite. Precisamente uno de sus relatos más celebrados se llama «Cabo de Hornos». Las aguas de esos canales patagónicos fueron surcadas por exploradores que se jugaban la vida al doblar cada codo marítimo.

Aventuras como la de Willem Schouten, que llegó a esta isla barrida por las tempestades en 1616. Buscaba una ruta alternativa para sortear el monopolio de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, que utilizaba las únicas vías conocidas para llegar a los destinos asiáticos: el Estrecho de Magallanes y el Cabo de Buena Esperanza. El navegante holandés seguía una pista: años antes, en 1578, Francis Drake, durante su circunnavegación del globo con patente de corso de Isabel I de Inglaterra para atacar a la flota española, cruzó el Estrecho de Magallanes en dirección al Océano Pacífico. Una tormenta lo arrastró hacia el sur y descubrió que Tierra del Fuego no era un nuevo continente como se creía, sino una isla. Es decir, había una alternativa a la ruta «tradicional». Schouten aprovechó una tregua entre el cielo y el mar y dobló el cabo, al que llamó Hoorn en honor al pueblo en que nació; luego, por esas cosas del lenguaje, pasó a denominarse Hornos.

Los años sembraron de pecios las profundidades de alrededor. Un monumento y un poema recuerdan a los marinos muertos, cuyas almas olvidadas vuelan en las alas del albatros «en la última grieta de los vientos antárticos». Una noche de hace varios años llamaron a la puerta del farero de Cabo de Hornos. Esto le puede ocurrir a cualquier persona en cualquier lugar, pero... ¿en el fin del mundo? Era un tipo que había llegado en canoa desde Punta Arenas. Da la impresión de que en estas latitudes la gente es capaz de hacer cualquier cosa, y que la locura es tan práctica como una carta de navegación.


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Por qué cruzar el cabo de Hornos es uno de los retos marítimos más peligrosos del mundo. Empty Re: Por qué cruzar el cabo de Hornos es uno de los retos marítimos más peligrosos del mundo.

el Miér 26 Ago 2020, 13:17
Actualmente la situación en la que estamos inmersos y que nos ha tocado vivir hallamos querido o no,
nos está obligando a atravesar nuestro cabo de hornos particular.
Estamos dentro de la tormenta perfecta a todos los niveles, particular, familiar, laboral, político, nacional y mundial.
Cuando se atraviesa el cabo de hornos, hay básicamente dos formas de cruzarlo, luchando en cubierta, donde algun@s serán o seremos arrastrados por la violencia de las olas y otr@s permanecerán en la bodega escondid@s o rezando lo que saben esperando que amaine el temporal y los lleve a buen puerto, dejando sus vidas en las manos de otr@s.
Cada un@ decide donde ubicarse, y aunque más de un@ no tienen esa opción y han de hacerlo donde pueden o les empujan a hacerlo.A estas alturas, uno no sabe lo que abrá al salir del cabo de hornos, ni como será la vida, ni cuant@s pondrán o podremos hacerlo con unas mínimas condiciones de dignidad, pero lo que si tengo muy claro es que el que esto escribe, va a estar en la cubierta enfrentándose a las adversidades que se presenten y si es arrastrado por el ímpetu de los mares, otr@s vendrán a ocupar mi lugar, arriarán o izarán las velas que permitan finalizar esta singladura y llegar a buen puerto en las mejores condiciones posibles. No os deis por vencidos, por lo menos no lo hagais sin antes haber luchado.

Buenas mañanas y buen servicio tengan vuesas mercedes.


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Por qué cruzar el cabo de Hornos es uno de los retos marítimos más peligrosos del mundo. Empty Re: Por qué cruzar el cabo de Hornos es uno de los retos marítimos más peligrosos del mundo.

el Jue 22 Oct 2020, 17:17
todoababor.es
Juan García.
23/03/2017.

Por qué el Pasaje de Drake debería llamarse Mar de Hoces.

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El mar de Hoces, o Pasaje de Drake para los anglosajones (y por desgracia también para casi todo el mundo) es la zona marítima donde se unen el Atlántico y el Pacífico y que se encuentra entre la parte más meridional de Sudamérica y la Antártida. Entre el mítico Cabo de Hornos y las Islas Shetland comprende un tramo marítimo de turbulentas y gélidas aguas de difícil navegación, terror de cualquier capitán de buque, sobre todo en la época de navegación a vela.

Pues bien, esta área en la cartografía de España se conoce por Mar de Hoces y no Pasaje de Drake o Paso Drake por una simple razón: fue un navegante español, Francisco de Hoces, quien lo transitó por primera vez en la historia y, tal como pasó con la circunnavegación de la Tierra, Drake llegó segundo.

Si bien al corsario inglés no se le pudo adjudicar la fama de ser el primero en dar la vuelta al mundo, sí que ha quedado Paso Drake en los mapas de la mayor parte de los países. Algo que yo solo puedo achacar a lo de siempre: los ingleses han pasado por encima de la historia general y han dado prioridad a la suya. Algo que ya hemos visto con la Isla de Vancouver.

Y ojo, porque históricamente no está nada claro que Drake incluso transitará por allí. Lo más seguro es que lo hiciera por el Estrecho de Magallanes, dadas las incongruencias entre su versión y la de sus hombres.

¿Por qué Mar de Hoces? ¿Quién fue Francisco de Hoces?.
Francisco de Hoces fue un navegante español que estuvo al mando de la carabela San Lesmes en la expedición de García Jofre de Loaísa, que tenía como misión explorar y colonizar las islas Molucas. Para ello se armaron seis naos y carabelas, entre las que se encontraba la de nuestro Hoces.

A principios de 1526, la San Lesmes corría un temporal en el Cabo de Hornos. Imposibilitado de regresar con el resto de la expedición, en la que participaba el insigne Juan Sebastián Elcano, el primero que dio la vuelta al mundo junto con sus hombres, la carabela fue llevada hasta los 55 grados de latitud sur, lugar donde antes no había estado nadie. Descubriendo así un paso al sur del Cabo de Hornos y que se adelantaba medio siglo al paso del corsario Drake por aquellas aguas, en una expedición, por cierto, de pillaje. Cuan diferente eran los motivos de ambas expediciones.

Al final Francisco de Hoces logró reunirse con el resto de la expedición y pasar el estrecho.

¿Por qué se llama Pasaje Drake?.
El Golden Hind fue un galeón inglés capitaneado por Francis Drake que en septiembre de 1578 navegó por aquella zona, como parte de una expedición en principio de exploración pero que tenía como motivación principal hacer el máximo daño posible a los españoles debido a los daños que de estos les habían provocado.

El caso es que Drake supuestamente pasó por la zona donde 52 años antes lo había hecho Francisco de Hoces y eso fue todo. Ellos pusieron Pasaje de Drake a lo que nosotros conocemos por Mar de Hoces y la mayoría del mundo, al parecer incapaz de reconocer los hechos, les siguió el juego a los ingleses.

Ahora ya saben los antecedentes y cada cual que opine lo que quiera, faltaría más, pero cuando vean en algún mapa el Paso Drake piensen en lo que pasó. Y que los navegantes españoles, como siempre en aquella época, fueron los primeros en pasar por allí.


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Por qué cruzar el cabo de Hornos es uno de los retos marítimos más peligrosos del mundo. Empty Re: Por qué cruzar el cabo de Hornos es uno de los retos marítimos más peligrosos del mundo.

el Jue 22 Oct 2020, 17:21
lavozdegalicia.es
XAVIER FONSECA.
27/01/2020.

El navío gallego San Telmo podría obligar a reescribir la historia de la Antártida.

El buque ferrolano habría llegado a la isla antártica de Livingston en 1819, meses antes que el capitán inglés William Smith, a quien se le atribuye el descubrimiento del continente helado.


El imperio de ultramar español comenzó a tambalearse a comienzos del siglo XIX. La derrota de Trafalgar en 1805 anuncia el fin de una era. Atrás queda la edad dorada de exploración y conquista protagonizada por una de las mayores potencias navales de la historia. «Si quieres convertirte en un imperio necesitas dominar los mares. Esto es algo que entendieron muy bien los reyes españoles. Felipe V estableció el sistema de arsenales más moderno de Europa en Cádiz, Cartagena y Ferrol. España llegó a ser en su día como la NASA de la construcción naval y la ciudad gallega resultó decisiva», explica Emilio Regodón, comandante del buque oceanográfico Hespérides, que continúa su travesía por aguas antárticas.

En 1788 el astillero ferrolano de Esteiro entrega a la armada el San Telmo, un navío de línea de 74 cañones diseñado para las grandes batallas navales. Tenía una eslora de 52 metros y 14,5 de manga. Pero el buque, como el resto de la flota española, fueron deteriorándose al mismo tiempo que el imperio. «Tras la Guerra de Independencia, los barcos estaban mal mantenidos y dotados», sostiene Regodón. España se quedaba sin recursos para afrontar otro decisivo momento histórico: el levantamiento de las colonias hispanoamericanas.

División mar del sur.
En 1819, Fernando VII envía la división del Mar de Sur para apoyar al virreinato de Perú que tiene grandes problemas para aplacar el alzamiento. Entre ellos está el San Telmo. «Uno de los navíos ni siquiera fue capaz de cruzar el Atlántico. El resto intentaron atravesar el Cabo de Hornos para llegar a Perú», comenta Regodón, que conoce muy bien estas aguas. «El Hespérides opera en la Antártida y los puertos de apoyo logístico son Ushuaia, en Argentina, y Punta Arenas, en Chile. Cada vez que entramos y salimos para las bases españolas tenemos que atravesar el mar de Hoces. La Antártida es un continente enorme rodeado de mares y esto provoca que exista una circulación ciclónica absolutamente libre. Cruzarlo puede resultar muy duro con mala mar. No me quiero imaginar lo que debió ser en aquellos tiempos de vela», confiesa.

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En su trayecto hacia el Pacífico, el San Telmo se encuentra con una fuerte tormenta y no consigue doblar el Cabo de Hornos. El temporal provoca importantes daños en el timón y lo arrastra hacia el sur con los 644 tripulantes que iban a bordo. El San Telmo es visto por última vez el 2 de septiembre por la fragata Mariana que anota en el cuaderno de bitácora la posición: 62 grados de latitud austral y 70 grados de latitud oeste, meridiano de Cádiz.

Pocos meses después de la desaparición, el capitán británico William Smith alcanza el archipiélago antártico Shetland del Sur. Los libros le atribuyen el descubrimiento de la Antártida. Sin embargo, durante su expedición descubre unos restos que identifica como un navío español localizado entre las costas de la isla Livingston, donde está situada la base científica Juan Carlos I, y un islote que curiosamente bautizan como San Telmo Island. «Hay signos de sobra de que Williams encontró lo que quedaba del navío gallego. Cuando notifica el hallazgo recibe órdenes del almirantazgo inglés de guardar silencio ya que demostraría que los españoles fueron los primeros en llegar y, por tanto, podría haber una reclamación territorial. Así que la consigna fue continuar con la cartografía y actuar como si el barco no existiese», asegura Regodón.

En busca del pecio.
España no estaba para llevar a cabo una operación de rescate, así que el San Telmo cayó muy pronto en el olvido. Los 644 tripulantes fueron abandonados a su suerte en una zona inhóspita y con un clima muy hostil. A comienzos de los 90 del siglo pasado, el catedrático de Arqueología de la Universidad de Zaragoza, Manuel Martín-Bueno, lideró dos expediciones hispano-chilenas a la isla antártica para dar con los restos del navío. «Se realizaron trabajos de batimetría y de prospección magnetométrica para determinar la existencia de restos metálicos subacuáticos. Registramos media docena de resultados positivos que en el futuro habría que verificar mediante inmersiones, entre 15 y 70 metros de profundidad», explica Bueno. «Es probable que el barco se deshiciera antes de llegar al norte de Livingston, en el cabo Shirreff. Fue ahí donde realizamos las labores de búsqueda durante dos campañas. Si bien no encontramos nada, puesto que la presencia de los balleneros habría acabado con toda la madera del barco, durante la batimetría se detectaron seis anomalías magnéticas que todavía están sin identificar. No sabemos si son cañones, anclas o un ballenero», comenta el oficial de la armada Miguel Aragón, qué formó parte del proyecto de Martín Bueno.

La historia tiene una cuenta pendiente con el San Telmo. Su hallazgo podría obligar reescribir el relato de los primeros descubridores de la Antártida. «Si nuestras investigaciones son acertadas, la tripulación del San Telmo habría sido la primera en llegar a aquellas costas y el descubrimiento oficial de la Antártida sería español y no británico», sostiene Bueno. «No debemos olvidar además la parte humana. La historia del San Telmo nos habla de la desdicha de una España en declive, la moral con la que partieron los tripulantes en una escuadra vieja y la tragedia que vivieron», asegura Aragón. «Tenemos una historia naval apasionante. Hemos descubierto mares y continentes, casi seguro también la Antártida. Hay muchos pecios hundidos y resulta imposible localizarlos a todos, pero encontrar el San Telmo sería muy relevante. No porque se vaya a hacer ningún reclamación territorial en la Antártida, sino por valorar que fuimos los primeros en llegar, aunque fuese de forma indirecta, y que eso le costó la vida a 644 personas», añade Regodón. «El descubrimiento del pecio supondría uno de los momentos más emocionantes e importantes de la historia de España, pues aseguraría que nuestro país pisó antes que nadie la Antártida. Hay que recordar que el hecho de que un descubrimiento sea circunstancial, inesperado o no buscado no lo invalida. Por otro lado, rescataría del olvido a 644 personas cuyas vidas se perdieron en el naufragio. Serían los descubridores de la Antártida, nada más ni nada menos», apunta Álber Vázquez, autor del libro Muerte en el hielo; la novela del San Telmo y los españoles que descubrieron la Antártida.


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el Lun 09 Nov 2020, 17:28
lavanguardia.com
Júlia Talarn Rabascall.
06/02/2016
Cabo de Hornos (Chile), 6 feb (EFE).

El descubrimiento de Cabo de Hornos, la hazaña que cambió la visión del mundo.

Amanece en el fin del mundo, donde los marineros de todas las latitudes aseguran que está fondeado el diablo. Hoy, sin embargo, las oscuras aguas que rodean el Cabo de Hornos presentan una extraña mansedumbre, como si con ella quisieran rendir homenaje a los 400 años de su descubrimiento.

Este remoto y enigmático lugar, que apadrina el duelo entre el Océano Pacífico y el Atlántico, fue descubierto el 29 de enero de 1616 por Williem Schouten y Jacob Le Maire, dos holandeses hechos de acero que bautizaron el peñón en honor a la ciudad de los Países Bajos que los vio zarpar en junio de 1615.

Ellos fueron los líderes de una expedición de circunvalación de la Tierra que se adentró en los mares del fin del mundo con el objetivo de descubrir un paso alternativo al Estrecho de Magallanes, que por aquel entonces controlaba una empresa rival, la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales.

La misión, encomendada por el padre de Le Maire, fundador de la compañía Austral y cuyo objetivo era acabar con el monopolio del comercio hacia la "Isla de las Especias", sólo fue comunicada a los 87 miembros de la tripulación cuando ya hacía semanas que navegaban por las aguas del Atlántico.

"Además de intentar evitar el espionaje, decidieron mantener la misión en secreto para poder llenar el barco con marineros. ¡Nadie habría embarcado si hubieran sabido que el propósito era surcar mares desconocidos!", dijo a Efe la alcaldesa de Hoorn, Yvonne van Mastright.

Schouten y Le Maire zarparon del puerto de esta ciudad, situada en el norte de Holanda, a bordo del "Eedracht" y el "Hoorn", dos pequeños bergantines de madera, convencidos de que existía una ruta interoceánica que aún no había sido descubierta.

Además de desafiar al escorbuto, el frío atroz y la ventisca subantártica que destripaba las velas del bergantín, en la mitad del camino, en las costas del actual Puerto Deseado, Argentina, los marineros sufrieron la destrucción del buque "Hoorn", que tras un incendio quedó totalmente inservible.

"A partir de entonces prosiguieron el viaje con un solo barco, el "Eendracht". Los marineros tuvieron que compartir agua, cama y comida", dijo a Efe el vicealmirante holandés Matthieu Borsboom.

Ocho meses después de zarpar, se adentraron en los misteriosos canales del fin del mundo, poblados por "seres gigantescos" y "monstruos marinos oscuros como la ceniza y con fauces de cocodrilo", detalla el diario que Schouten publicó al regresar a Holanda.

"20 de enero. Cielo oscuro y mal tiempo. Hemos visto algas y todo tipo de pájaros. El mar cambia constantemente de color y el aire está raro", relató Schouten, convencido de que la "brisa tóxica" que golpea el fin del mundo pudre la carne y descompone los mapas.

Días antes de dar con el Cabo de Hornos, el capitán plasmó en su diario la ansiedad y el nerviosismo que se apoderaba de la tripulación.

"23 de enero. Nos encontramos en aguas poco profundas, muchos no hemos podido dormir pensando en hallar la tierra desconocida", señala.

El anhelado encuentro llegó la tarde del día 29 de enero de 1616, cuando toparon con un promontorio "alto y blanco de nieve" que acababa en una "empinada curva" que el capitán bautizó en honor a la ciudad de Hoorn.

Su hazaña marcó el descubrimiento por parte de los europeos de este temido hito geográfico, pues los indígenas americanos que habitaban estas latitudes, hacía al menos "600 años que surcaban las aguas del fin del planeta", explicó a Efe Alberto Serrano, director del Museo Antropológico Martín Gusinde, en Puerto Williams.

"Los científicos han constatado presencia de yaganes (canoeros nómadas) en el Cabo de Hornos hace más de 1.000 años, así que me parece justo decir que Schouten y Le Maire fueron los primeros europeos en llegar aquí, pero no descubrieron nada", puntualizó.

El Eendracht siguió su camino hasta Java, en Indonesia, donde fue confiscado por un miembro de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales que, al no creer que habían encontrado el paso bioceánico les acusó de haber circulado por el Estrecho de Magallanes sin previa autorización.

Ambos intrépidos exploradores fueron arrestados y enviados en custodia a bordo de otro buque en unas condiciones que Le Maire no pudo soportar.

Dos años y 18 días después del inicio de su travesía, Schouten regresaba a Holanda y ponía punto final a un "viaje triste y muy difícil" en el que tuvo que despedir a un "querido y valioso amigo (Jacob Le Maire), a quien le hubiera gustado mucho poder ver el final de esta aventura".

Cuatro siglos después de esta hazaña que dibujó la forma definitiva del mapa planetario, autoridades de Chile y Holanda viajaron hasta la Isla de Hornos para celebrar que, gracias a esta épica travesía se logró unir el mundo de forma universal. EFE

jtr/mf/lab


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