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RafaVs
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el Dom 23 Dic 2018, 14:51
El debate vuelve a ponerse sobre la mesa tras el asesinato de la zamorana Laura Luelmo. Los (pocos) datos disponibles indican que se trata de un caso excepcional.

El autor confeso del asesinato de la joven zamorana Laura Luelmo, asesinada en El Campillo, un pueblo de la sierra de Huelva, guardaba un extenso historial delictivo. Había sido condenado por robo con violencia, allanamiento de morada y obstrucción de la justicia y hace 20 años le quitó la vida a una anciana de 82 años para evitar que le incriminase en un juicio.

Este jueves, en la misma semana de la confesión del asesinato, en el madrileño barrio de Fuencarral un hombre asestó seis puñaladas a una joven de 26 años. En 2007 había sido condenado a 20 años de prisión por asesinar a una mujer con 34 puñaladas y estaba de permiso penitenciario cuando decidió quitarle la vida a otra mujer.

Dos casos en la misma semana, la misma brutalidad. ¿Se trata de excepciones o los presos, una vez cumplida su condena, siguen siendo un peligro para la sociedad? ¿Funciona la reinserción o la reincidencia es un problema endémico del sistema penitenciario español?

No abundan los datos públicos que ayuden a encontrar una respuesta. Los informes oficiales son escasos y los maneja un círculo restringido de técnicos del Ministerio de Interior, que no escuchan las quejas de académicos y expertos sobre la escasez de información.

Desde el año 2006 faltan datos nacionales sobre la tasa reinserción. Debido a un cambio en la forma de recoger los datos, ese año fue el último en el que el Instituto Nacional de Estadística ofreció un dato fehaciente. Entonces, el 19,7%% de personas que ingresaban en prisión volvían a cometer un delito.

Fuentes de Instituciones Penitenciarias que han consultado los últimos estudios internos sobre el fenómeno aseguran que, a los cuatro años de la excarcelación, un 80% de los ex-presos no vuelve a cometer un delito, frente a alrededor de un 20% que sí reincide. Cuanto más tiempo pasa de la salida de prisión, más baja la posibilidad de un nuevo delito.

Expertos y trabajadores en el ámbito penitenciario intentan arrojar algo de luz sobre el funcionamiento del sistema penitenciario y la reinserción social de los presos a base de estudios propios. "Existe poca información precisa sobre la reincidencia en España a nivel individual, ya que lo estudios para medirlas son muy complejos", subraya Alfonso Serrano Maillo, profesor de Derecho Penal y Criminología en la UNED.

Aunque cada uno en su ámbito -regional o provincial- la mayoría de estudios coinciden con los datos que maneja Interior: la tasa nacional de reincidencia en España se mueve entre el 25% y el 30% en los primeros cinco años de la excarcelación.

La única administración que ha publicado estudios científicos sobre la reinserción es en la catalana,que tiene cedida la gestión del sistema penitenciario. El Centro de Estudios Jurídicos y Formación especializada lleva desde 1987 siguiendo grupos de más de 3.000 presos a los cuatro años de su excarcelación. La última tanda, que analiza las pautas de personas que dejaron la cárcel en 2010, sitúa en el 30,2% la tasa de reincidencia. Es decir, siete de cada diez no han reincidido, el dato más bajo de la serie histórica.

Los cuatro años no son una cifra baladí, como explica Antonio Andrés Pueyo, experto en Psicología Forense y Criminal: “Entre todos los que delinquen al salir de la prisión, el 90% delinque antes de los cuatro años fuera de cárcel. Es una cifra que se maneja a nivel internacional.”

Aunque no es fácil entender si esa tasa es ‘mucho o poco’, todos los expertos coinciden en que cuanto más tiempo pasa de la excarcelación, menos probabilidades de reincidencia. En comparación con otros países, muy pocos estudios se atreven a realizar una comparativa, por las peculiaridades de cada sistema judicial y penitenciario. Aún así, el dato español, comparado por Pueyo, resulta más bajo en España que en otros lugares.

Álvaro Conde, responsable de intervenciones en prisiones de la ONG Solidarios para el Desarrollo, que lleva treinta años trabajando en este entorno, llama la atención sobre el coste social que se esconde detrás del dato: “si tenemos en cuenta que la reinserción es una tarea pública y todo el coste social que supone la reincidencia, el dato español es bastante alto”, relata.
Reincidir robando

Si la reincidencia baja, pero siguen ocurriendo casos como el del asesino de Laura Luelmo se debe, según la Agrupación de los Cuerpos de la Administración de Instituciones Penitenciarias, al "fracaso de la política penitenciaria del Ministerio del Interior".

Este sindicato cita dos carencias fundamentales en el sistema penitenciario español. Una es la falta de medios de trabajo, especialmente los tecnológicos; otra, la falta de plantilla en el funcionariado de prisiones. “Tenemos más de 3.000 vacantes sin cubrir. Es más, hay centros en Madrid donde hay una psicóloga para 1.000 interinos”, estima Nacho Gutiérrez, portavoz del sindicato. "Así es imposible hacer un buen seguimiento sobre la potencial peligrosidad de un preso al ser excarcelado". Este sindicato, mayoritario en la administración, maneja cifras de condenados que actualmente tienen antecedentes: casi la mitad de la población penitenciaria española.

Las intervenciones psicológicas son esenciales para trabajar en pos de una reducción de la reincidencia criminal. De hecho, una de las principales conclusiones a las que llegan los expertos en sus estudios es que se necesita la implantación de una intervención psicológica más constante y, sobre todo, más especializada.

Antonio-Andrés Pueyo define la conducta antisocial o delictiva como hoja de ruta para dirigir las intervenciones. Si un recluso tiene un historial de conducta antisocial -irresponsabilidad, hostilidad, impulsividad- su probabilidad de reincidir violentamente aumentará en 2,5 puntos.

El entorno social y familiar del recluso, su proactividad a la hora de seguir los programas y la forma en que le afecte la condena son circunstancias que también influyen en el comportamiento del recluso una vez esté fuera. Por eso, Pueyo insiste en que “es muy difícil encontrar el equilibrio entre los criminales y las víctimas, el daño que va a provocar la prisión, el castigo a aplicar… son muchos frentes que hay que llevar a casos en particular”.

El tipo de’ crimen base’ también influye. Según los datos del informe catalán, los crímenes contra la propiedad y contra la salud pública son los que tienen más probabilidad de reincidencia. Lejos de lo que pueda parecer, los homicidios y las agresiones sexuales son los que, probablemente, se repitan menos. “Está claro que sí son los más mediáticos y, por eso, parece que se repiten mucho más de lo que ocurre realmente”, explica Pueyo. “Nunca pasan de un 15%”.

De hecho, los reclusos tienen tendencia a reincidir robando, antes que hacerlo repitiendo su primer delito. El informe catalán demuestra que los condenados por delitos contra la libertad sexual y contra las personas tienen entre un 40% y 45% de probabilidades de volver a la cárcel por cometer un delito contra la propiedad. En los casos de ‘penas base’ sobre drogas, por ejemplo, es más alta la probabilidad de volver a cometer ese mismo delito.

“Los internos siempre manifiestan miedo a caer en una espiral que les haga reincidir de nuevo. Muchos provienen de un entorno desestructurado y no tienen las herramientas para salir de ese círculo”, explica Álvaro Conde, de Solidarios para el Desarrollo. “Por eso es importante trabajar con ellos dentro de la cárcel para enseñarles a volver a convivir con la sociedad”.

Como en otros países, los expertos y las instituciones se muestran optimistas de cara a una tasa de reincidencia que ha bajado en los últimos años. Por un lado, se debe a que nuevas categorías penales, como los delitos de tráfico y de violencia de género, no están asociados a altas tasas de reincidencia, sino al revés; a la vez que va disminuyendo la criminalidad de hurtos y robos, donde sí es más normal volver a delinquir.

Fuera de los delitos, señalan desde el CEJFE, son los sistemas de prevención de delitos menores y nuevos proyectos de rehabilitación, impulsados sobre todo entre 2006 y 2010, lo que está ayudando a realizar un mayor seguimiento de los presos pensados para su reintegración en la sociedad.

Mientras, otros países como Estados Unidos, Venezuela, El Salvador, Brasil o Rusia, que abogan por penas más duras, llevan copando, desde que existen datos, las primeras posiciones del ránking mundial de asesinatos cometidos por 1.000 habitantes.

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